Lunes, 29 de May de 2017

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Y que le brota lo intolerante y represor

Martes, 04 Abril 2017

Cuando Javier Duarte de Ochoa, a través de los guarros policiacos del entonces secre de Seguridad Pública, Arturo Bermúdez Zurita, reprimieron a los pensionados que reclamaban sus pagos atrasados el 23 de diciembre de 2015, la opinión pública en general reprobó los actos del prófugo gobernador, aunque la culpa (por institucionalidad y a manera de “salvar” a su jefe) se la echó el entonces secretario de Gobierno, Flavino Ríos Alvarado.

En ese momento, una de las críticas más constantes era el porqué enviaron a la fuerza pública a desalojar una protesta de jubilados, quienes además de tener una causa justa, estaban realizando una manifestación pacífica sobre la avenida Enríquez (la principal de Xalapa) para presionar a las autoridades a resolver el problema.

Contrario a lo que hizo Duarte con los pensionados, éste nunca mandó a desalojar a grupos de choque como los 400 Pueblos y sus denigrantes espectáculos de bailarines, o a las huestes cardenistas del nefasto Antonio Luna o las alimañas como Antorcha Campesina (que les da por tomar pueblos a su antojo con toda impunidad); tampoco usó la fuerza pública en momentos de verdadero caos vial en la capital veracruzana, la cual era tomada por grupúsculos con intereses políticos y económicos muy particulares.

A veces las protestas eran tan irrisorias, que un puñado de “manifestantes” de no más de 10 personas, enarbolando una bandera campesina o magisterial, cerraban las principales arterias de la capital veracruzana y así permanecían durante horas.

Es decir, a Duarte se le señaló con índice de fuego que nunca tuviera el criterio ni la determinación para usar la fuerza pública en casos realmente necesarios, y que por el contrario permitiera que la capital fuese rehén de manifestaciones a veces sin sentido. Lo peor fue que mandó a la policía a una protesta que sí tenía una causa justa en el caso de los jubilados, y desde ahí el gobernador acentuó más el repudio popular que ya cargaba.

Este lunes, habitantes de Soledad Atzompa llegaron a Xalapa para realizar una protesta en la Plaza Lerdo. Algunos periodistas de la capital ya estaban enterados de que dichos manifestantes venían en camino, pero al parecer los que no sabían nada ni estaban preparados, fueron los del Palacio de Gobierno.

Una vez instalados en la Plaza, expresaron diversas demandas y consignas, entre las que destaca que Gobierno del Estado dejará de pagarles a los policías de su municipio. Al no haber eco (y ante la inoperancia de los encargados de política interna) decidieron cerrar la avenida Enríquez… y ahí comenzó el despapaye.

El asunto es que Soledad Atzompa no es sólo un pueblo más para ignorar: se trata de uno de los más pobres del país y se ubica en la sierra de Zongolica, también de alta marginación. Es uno de los municipios con más carencias y sus peticiones han sido constantes, pero siempre son ignorados. Ahí están los registros periodísticos de cuántas veces han venido a solicitar apoyos a Xalapa, o de las veces en que van caravanas de gobierno a esa zona, pero su situación de pobreza extrema no cambia.

¿Y cuál fue la respuesta? Pues con esa obsesión que tiene el señor gobernador de no permitir que nadie le tome el Palacio o le cierre Xalapa, mandaron a la fuerza pública para desalojarlos y también para despojarlos de los vehículos con los que habían venido a la capital veracruzana. La protesta apenas y duró una hora y tuvo como saldo un lesionado de la cabeza, quien intentaba que no se llevaran una camioneta en la grúa de Tránsito.

Hay voces que defienden el operativo policiaco (algunas son las mismas que crucificaron al Gobierno de Duarte por reprimir de manera estúpida a los pensionados) diciendo que es bueno que el “gober cascarita” no permita los bloqueos en la ciudad. Quizás es de lo poco bueno de la actual administración, pues no han habido cierre de calles, pero también les faltó oficio político para resolver un problema que podía haberse evitado y sin necesidad de usar a los granaderos.

¿Qué hubiese pasado, por ejemplo, si hubiesen sido nuevamente los pensionados? ¿O estudiantes? ¿O periodistas? ¿Será que Franco, el secretario de Gobierno, al igual que Flavino, se echará la culpa de la represión? ¿Aplicará la Ley del Garrote del mismo modo el gobernador en cada manifestación?

Claro que es indefendible que grupos políticos usen a la ciudad para afectar la vialidad y paso de terceros, pero antes del toletazo y el empellón se debería analizar si realmente es necesaria la violencia institucional, especialmente sí hay un contexto delicado como la histórica pobreza de Atzompa.

Pero ya se sabía de su naturaleza represora e intolerante… Ya se la están conociendo…

EPÍLOGO ONE: Ah, pero este lunes también protestaron los informadores políticos del Gobierno de Veracruz, quienes se quejaron que les deben tres meses de salario. Al parecer entonces, los famosos “orejas” tampoco están operando y la administración de Yunes Linares anda a ciegas.

EPILOGO TWO: ¿Cómo está eso de que en la Secretaría de Protección Civil están vendiendo los chalecos a los empleados de dicha dependencia? A 400 pesos, con el chance de darlos en dos pagos… ¡Ofertón!

EPÍLOGO THREE: Volvieron los lunes de manifestaciones: hubo en la Secretaría de Educación, en la Secretaría de Salud, en el Instituto de Pensiones del Estado, y tomaron los bachilleres COBAEV… ¿Y el gober?, literalmente charlando de mosquitos.

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Pablo Jair Ortega

Cuando nació en 1979, nacieron todas las flores y en la pilar del bautismo cantaron los ruiseñores. Medio poeta, quiso ser antropólogo, pero le dijeron que mejor estudiara en la Normal, pero se pasó a la escuela de enfrente porque ahí estaban las chicas más hot, específicamente en Comunicaciones

pablojairortegadiaz@gmail.com