Miércoles, 16 de agosto de 2017


Columna: Columna Invitada

La Universidad Veracruzana, ¿una Institución Fallida?

Viernes, 11 Agosto 2017
  • Por:  Juan José Barrientos/Diario de Xalapa

 

*Una Innecesaria Burocratización en Pleno Siglo XXI

*Existe Degradación en Títulos y Grados Académicos

*¿Méritocracia, Perversión o Simplemente una Farsa?

*Necesario Revisar Bases Para el Premio al Decano

La falta de recursos ocasionada por el anterior gobernador de Veracruz, Javier Duarte, no es el único problema de la Universidad Veracruzana, cuya Junta de Gobierno debe decidir durante el mes de agosto si prorroga el nombramiento de la Dra. Ladrón de Guevara en la rectoría o la remplaza.

La universidad se ha burocratizado en exceso. El personal administrativo no debería rebasar 25% del total de la Universidad Veracruzana (UV), pero ya pasa del 50%, y lo peor de todo es que se ha ido arrogando, es decir atribuyendo indebidamente, una función de control con respecto a los académicos en vez de limitarse a apoyarlos.

Se les exigen trámites e informes que no solo les quitan tiempo, pues luego hay que procesarlos, lo que requiere más personal administrativo.

Hay cientos de docentes “por horas”, porque no se han podido incrementar las plazas de tiempo completo, ni siquiera se han conservado las de algunos profesores que se jubilaron, en cambio han aumentado los puestos de los administrativos.

El personal administrativo se ha ido apoderando de la universidad, como se puede apreciar en el estacionamiento.

Hace algunos años podía ir a la rectoría y estacionarme en cualquier lugar que se encontrara desocupado. Sin embargo, se empezaron a asignar cajones exclusivos para los titulares de las principales dependencias y poco a poco el resto del personal administrativo se adueñó de todo el terreno. No se ha dejado ni 10 o 20 por ciento para los académicos que acuden a realizar algún trámite.

Lo peor de todo es que el personal administrativo realiza tareas innecesarias, como las relacionadas con las nóminas que se nos exige firmar.

Desde hace más de 30 años tengo la beca del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) y nunca he tenido que firmar nada, pues me la envían a mi cuenta.

Hace años tuve la oportunidad de enseñar en una universidad francesa, y ahí también me abonaban el salario a mi cuenta y nunca tuve que firmar nada.

Después me pasé a otra universidad, en París, donde una vez tuve que buscar al “contador” y lo encontré debajo de una escalera donde le habían hecho una caseta con láminas de triplay. Nada parecido a las oficinas de nuestra universidad, que ocupan pisos y edificios enteros.

La universidad tenía una secretaría general, pero ésta se convirtió en una secretaría académica y otra de administración y finanzas.

Tengo la impresión de que ahí se inició la proliferación de la burocracia.

Por otra parte, se puede constatar una degradación académica. Los títulos y grados académicos no se reconocen debidamente; se les resta importancia y se minimizan.

Entre los requisitos para obtener el llamado Premio al Decano, se encuentra el de “Poseer, preferentemente, el título de Doctor”, pero solo tres de los cinco académicos que lo obtuvieron este año tenían ese grado, y lo mismo paso el año antepasado.

De acuerdo con los tabuladores de los concursos de oposición, un doctorado solo permite obtener 100 puntos,  y se requiere que los participantes obtengan un puntaje  mínimo de 475 para ocupar una plaza de técnico académico y de 525 para investigador o docente.

Se pueden obtener 100 puntos si uno tiene 4 años o más de experiencia profesional relacionada con el perfil del concurso.

Por eso ya ha ocurrido que un candidato con un doctorado de una importante universidad de los Estados Unidos o de Francia se quede sin la plaza, y ésta se le otorgue a otro candidato que tenía solo una maestría, pero impartió los cursos, mientras el otro preparaba su tesis.

En la carta que publicó hace unos días, Sarita se jacta de “recuperar la cultura de la méritocracia y reorganizar los concursos de la (sic) oposición que habían sido prácticamente desmantelados”; sin embargo, no aclara cuantas plazas de tiempo completo se han otorgado mediante ese procedimiento durante los 4 años que lleva en la rectoría, ni qué porcentaje de los ganadores de esos concursos tienen un doctorado obtenido en instituciones de reconocido prestigio del país y del extranjero.   No se sabe por ello si esos concursos han servido para seleccionar al personal académico e instaurar una auténtica méritocracia o ya se pervirtieron y no son sino una farsa, como aseguran los descontentos.

Hay que revisar de cualquier modo las bases del concurso por el Premio al Decano y las bases generales de los concursos de oposición.

Aunque tardíamente, Sarita se enfrentó al anterior gobernador y ha tratado de recuperar los fondos retenidos, pero nada hizo por revertir la burocratización y la degradación académica de la Universidad Veracruzana, que urge rescatar o reinventar.

 

Valora este artículo
(0 votos)